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Hospitalidad

Durante mi viaje lingüístico en bici usé y abusé de la amabilidad de la gente. Entre las veintisiete noches sólo pasé cinco en hoteles y albergues. Como lo barruntaba al preparar el viaje, no tuve muchas oportunidades para charlar en esas etapas. Así que me felicito haber pasado tanto tiempo buscando y pidiendo alojamiento en casas de voluntarios que me acogieron todos con tanta amabilidad y generosidad que estoy en deuda con ellos por toda mi vida.

Tengo que agradecer a tantas personas que me temo que está página fuese un poco aburrida para tú, lector. Sin embargo si no conoces los dos sitios web que utilicé para encontrar personas para alojarme, creo que vale la pena enterarte de cómo funcionan.

El primero es el sito de las duchas calientes dedicado a personas que viajan en bici.

El segundo es el de los sofás navegadores más conocido seguramente porque se puede usar con todo tipo de medio de transporte.

En cada casa, fui acogido de manera estupenda, pude charlar a mis antojos y creo que gané mucho en fluidez, en breve, aprendí lo que no se enseña en las aulas.

Tengo que agradecer los catalanes por haber hecho el esfuerzo de hablar en castellano que para ellos tampoco es lengua materna.

  • Ainhoa, me recibiste dos veces en tu casa. Debe de ser porque eres sumamente generosa o que te hizo mucha gracia la visión de mi bici reclinada. No era necesario encender un fuego para sentir el calor humano al conocerte. Pero sí lo era para secar la ropa fregada. Aunque fumes, eres una chica impoluta en un valle precioso, espero que quedes así, natural amable y altruista.

  • Albert, me acogiste en medio de una carrera, tienes tantas cosas que hacer que te olvidaste encender el calentador. No te puedo culpar, ya que no perteneces a la comunidad de las duchas calientes. Gracias por la visita rápida de tu región. Espero verte cuando empieces tu viaje sobre el camino de Santiago.

  • Qué energía tienes Nekane. Desde la primera hora de la mañana hasta la última de la media noche, no paras. Me gustó mucho tu rincón de montaña. Fue muy difícil subir hasta tu casa en una pista de piedras. Me lo habías dicho, pero no me lo había imaginado. Tardé casi una hora tirando de la bici. De haberlo sabido no lo hubiera intentado.

  • En casa de Abraham llegué en mal estado. Tenía dolores insufribles en el musculo semitendinoso (detrás de la rodilla). Me quedé dos noches para descansar y gracias a tu amigo Mike el fisio mago pude seguir con mi viaje. Te deseo mucha suerte con tu tienda de bici .

  • Ángel-Mari y Valeria me acogieron en su hogar familiar. El ambiente no es lo mismo cuando hay niños en casa. Creo que para los que son padres es mucho más fácil dormir en una familia bulliciosa que para un soltero. El cambio me cayó muy bien.

  • Jorge y Sylvia son tortolitos. Se ve que se quieren mucho pero saben ocuparse de sus huéspedes. Me acuerdo de la verdura que recogemos en el jardín justo antes de cocinarla. Gracias por el turrón que me dio ánimo para seguir el viaje con tendinitis y bajo la lluvia.

  • Natalia y Claudio llenaron la mesa de fruta, verdura y otras especialidades del lugar o de la casa. No sabía que elegir tanto había para comer. Las galletas que llevé conmigo me fueron de gran ayuda para afrontar el frío y el viento de la etapa siguiente.

  • Olivier y María-Jesús son amigos desde hace mucho tiempo. Tardé 12 años en ir a visitarlos. Espero que pueda ir más a menudo. Todo bien calculado hay 16 días de bici entre nuestras casas. Eso lo explica todo.

  • Gloría es alegría personificada. Tiene su personalidad, pero en principio está de acuerdo con lo que le vas a proponer. ¡Qué placer charlar en torno una séptima tortilla de patatas!

  • Isabel y Eva su hija son una familia feliz. Me gustó mucho ver como una cuida la una de la otra y como la pequeña se siente bien y parece despabilada. Lamento no haber acertado llevando una botella de vino.

  • En casa de Juan y Beti era día de pizza casera. Para el aperitivo me dieron hojas de salvia fritas en aceite de oliva. ¡Una ricura! Por primera vez también probé unas nísperos.

Tengo también que agradecer los franceses que me acogieron durante mi regreso a casa.

  • Geraldine y Steve que me invitaron con nuestros amigos comunes Sabine y Alexandre.
  • Benoit, Maria y Solea que me hicieron una fabulosa tarta de cebolla.
  • Marion y Nicolas que me dieron calor cuando más lo necesitaba. Comemos falafeles y el pan más sabroso que nuca he comido.
  • Thomas y Chantal con quienes probé por primera vez leche de oveja.
  • Corinne, Sébastien y Soizic con quiénes pasé una tarde memorable.
  • Eric mi único primo francés.
  • Karine y Julien dos jóvenes viajeros en bici con quienes devoré cantidad de calabacines y pasta.
  • Y por fin Anne y Vincent que tenían reuniones por la tarde y que no vi mucho, pero aproveche la cena con Vincent para charlar del Beaujolais región y vino en que trabaja.

No nos conocíamos y sólo habíamos intercambiado unos correos electrónicos cuando llegué a casa de mis anfitriones. Todos sin excepción me acogieron como si fuera un amigo de siempre. Me sentí cómodo en todas las casas. Nunca antes había experimentado tanta generosidad y espontaneidad. Era amistad a primera vista. A veces no creo en la especie humana, pero habéis sabido darme esperanza en nuestro género. Ahora tengo fe en la humanidad. ¡Gracias por todo!

Hospitalidad
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