Overblog Follow this blog
Edit page Administration Create my blog

Dentro de poco tendré que presentar el examen de la ONU. Hace ya cinco años que mis profesores machacan, en clase, las reglas de gramática. Pero mi mente se niega a retener ninguna. Lo mismo me pasó de joven cuando aprendí francés y más tarde cuando estudié inglés. No soy capaz de fijar en mis sesos las normas que rigen un idioma, sólo puedo practicarlo.

 

Sin embargo no es tan fácil practicar en un país donde sólo se habla francés, hay que crear oportunidades. El primer lugar es el aula de clase. En muy pocas horas los profesores saben dispensar la cantidad adecuada de palabras que el cerebro puede tratar y entender. Los que me enseñaron y guiaron mis pasos a través del castellano, lo hicieron con maña y habilidad. Habitualmente los agradecimientos se colocan al final del ensayo, pero creo que Rosa, Lucinda, Elena y Raúl, en orden de aparición en mi vida, se han ganado mis reconocimientos eternos por su trabajo de profesores de idioma.

 

Aunque es esencial, la escuela no basta. Después de un año o dos de cursos hay que encontrar formas alternativas y complementarias de aprender. Empecé muy pronto, demasiado pronto dijeron mis profesores, a leer libros. No sabía conjugar en el pasado cuando leí mi primer cuento “El patito feo”. Unos meses más tarde, la primera novela, “Cuentos de Eva Luna”, me costó horas de trabajo. Creo que pasé más horas en el diccionario que en el libro de Isabel Allende. En breve descubrí los programas a la carta de la televisión española. Visioné algunas series, Descubrí “Los misterios de Laura”, Busqué a la “Desaparecida”, me enfilé los “Guantes blancos” y seguí a Eduard Punset por caminos y Redes inexplorados hasta entonces.

 

Todo lo arriba estaba muy bien para empezar a aprender un idioma, pero faltaba la parte activa. Necesitaba hablar y escribir para que el aprendizaje fuera completo. Hace ya dos años empezó a brotar la idea de un viaje por España en bici. Durante más de ocho meses tracé el itinerario, calculé las distancias y el desnivel, escogí las rutas más pintorescas, evitando al máximo las carreteras principales, y las ciudades. Tuve que volver a pulir el recorrido muchas veces hasta que quedó casi perfecto.

 

La preparación no se acabó con este trazado, había que solicitar a gente para que me acogieran en su hogar. Ese era el objetivo a alcanzar para practicar el idioma oralmente, en casas particulares. Usé y abusé de las plataformas de acogida que son www.warmshowers.com, el sitio de duchas calientes de los ciclo-turistas, y de www.couchsurfing.org, el sitio más ecléctico de hospedaje para viajeros. Tuve que adaptar de nuevo la ruta en función de las respuestas obtenidas. Escribí un millar de correos electrónicas para pedir consejos, y alojamiento. Creo que pasé más de dos mil horas en la minuciosa preparación de mi viaje.

 

Es verdad que tengo miedo a todo y que, si no lo conozco todo con antelación, no puedo aventurarme. Los que han visto mis mapas, mis notas, o que sencillamente han dado respuestas a mis preguntas saben de qué hablo. No soy un aventurero intrépido, ni siquiera un viajero, sino un funcionario cauteloso. Aunque me gusta estar en medio de la naturaleza, no me gusta lo imprevisto, no sé improvisar, soy precavido y timorato. También, y creo que ya se nota, soy un hombrecito muy paradójico.