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Published by degavroche

Os voy a contar lo que se aprende fuera del profesor y de la clase.

Por buenos que sean los profesores y los libros, por tanto que se esfuercen a tratar de temas reales y plantear situaciones interesantes, los cursos tienen algo de artificial que no se puede borrar aun con suma maestría. Cuando el argumento engancha al alumno, otro escollo le asecha. El de tratar el asunto en su idioma maternal, ya que no se puede reprimir el deseo de expresarse, que no tiene el vocabulario y que no sale en español. Eso destroce el curso y marca un fracaso del método. Demasiado interés acaba con el propósito.

Durante mi viaje por España, no tenía el respaldo de un libro de gramática ni tampoco un diccionario. El que había cargado en mi tableta no era adecuado. No tenía definiciones, solo unos sinónimos y traducciones básicas. No tenía ninguna de las palabras que busqué. La única vez que sirvió fue para encontrar una traducción para un arbusto: Zarza

Al comunicarme con mis anfitriones, me enfrentaba a un reto triple. Entender reaccionar y contestar en tiempo real. No podía, como lo hago escribiendo ahora, demorarme en la búsqueda de una palabra o una expresión. Necesitaba permanecer alerta y trabajar los reflejos. Cuando charlas, demorarte medio segundo puede parecer eterno a tu compañero.

La mayoría de mis interlocutores hablaban de manera que pudiera entenderles. No sé si por el mero hecho que soy francés o si ya me había acostumbrado al ritmo y al acento. Sólo una vez, por teléfono, tuve que pedir que aminore la cadencia. No puedo ocultar que de vez en cuando, tenía que rogar que repitieran una palabra o una frase, pero eso no ocurrió muy a menudo. De todos modos ya había trabajado el oído con la series de televisión que menciono en la página Empezar a aprender.

Lo que de verdad se aprende en situación de inmersión total es la velocidad en contestar. Después de tres semanas en España había adquirido una soltura que nunca hubiera soñado disfrutar contentándome con los cursos de español. Fuera del aula, en situaciones reales, se aprende a contestar de inmediato, con rapidez, sin buscar las palabras ni siquiera el aliento.