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Es verdad que iba a España para practicar, sin embargo no puedo negar que me apetecía también la idea de montar en bici en plena primavera, disfrutando del dulce calor que durante esta estación baña el norte del país.

Al planificar mi viaje había preparado una lista de prenda que no incluía mallas largas de invierno ni guantes. Pues, una semana antes del día uno, fui a entrenarme pasando el col de Encranaz (1432m) y me nevó. Pasé bastante frío al bajar hacia Morzine y decidí añadir unas capas a mi atuendo de ciclista viajero.

El primer día me llovió. El segundo día me llovió, el tercer pasó lo mismo con mucho frío añadido. Durante la primera semana, fue humedecido, empapado, regado, duchado y hasta inundado casi todos los días. En la etapa entre Boltaña y Jaca vi hielo al lado de la carretera. El aire también se desplazaba, pero había decidido, por lastima, ir en sentido contrario al mío. Así que por la montaña además de luchar en contra a la gravitación, tuve que luchar en contra al viento y al frío también.

Pasé la frontera hacia Cataluña en el puerto de Ares. Tuve que imaginar el paisaje, porque a veces no podía ver más allá de diez metros. Le niebla y la llovizna me negaban todo placer visual y durante la larga subida desde Ceret, me preguntaba por qué demonio había elegido ir a España con una bici panorámica si no se podía ver nada. En la bajada sobre Camprodón me di cuenta de que la ropa que tenía en mis alforjas no iba a ser suficiente para aguantar la lluvia y la temperatura.

Nadie me había dicho que iba a ser fácil, y temía padecer del cansancio, del calor, de la falta de agua, o de no encontrar bastante comida. Pero nada de eso me ocurrió. De agua tuve de sobra. Alimentos encontré bastante y mis anfitriones supieron callar mi hambre desmesurada con platos caseros sabrosos. Si hubo episodios de calor, fueron bastante cortos. No me acuerdo haber pasado sed, ni calor ni hambre. Esos ya no existen en el país.

Ahora puedo asegurar con toda seguridad que el sol de España es un mito. ¡Pirineo territorio de frío! ¡España tierra de lluvia!

Iglesia de San Cristobal, Lúzas, Benabárre, Aragón

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